
Se cuenta como el Cid , expulsado por el rey Alfonso VI de Castilla se ve obligado a abandonar sus tierras. Tras atravesar Burgos deja a su mujer Jimena, y sus hijas en el monasterio de San Pedro de Cerdaña y marcha hacia tierra de Moros.
Allí emprende diversas correrías que le proporcionan muchos beneficios, que emplea en repartir entre sus mesnadas y enviar una parte de los beneficios a Alfonso VI para pedirle su perdon.
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